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8 de junio de 2007

LT- CUANDO TE DUELE LA MUELA ATACA DE NUEVO

A partir de una mención en "Cuando te duele la muela Parte II", de una similitud entre la muralla de libros de la cárcel de Sevilla en Neguijón y la selección del cura y el barbero en el capítulo VI de Don Quijote de la Mancha, he decidido colocar otras similitudes que encuentro entre el Quijote de Cervantes y los acontecimientos narrados en Neguijón de Iwasaki. Si no quieres arruinarte la trama de ninguna de las dos historias, ¡lee primero los libros! ¡Los disfrutarás mucho! Si no tienes problema, continúa conmigo...

Primero, en el capítulo XXI del Quijote se narra la historia del yelmo de Mambrino. Un barbero que venía sobre un asno, que no quería mancharse con la lluvia, se pone la bacinica sobre la cabeza, y don Quijote, en su locura, cree que es un caballero que le ha robado el yelmo a Mambrino. ¡Ese oe, tiene el yelmo de Mambrino! ¡Hay que recuperarlo! El Quijote arremete contra él, y el barbero huye (no le queda otra) del loco que le quiere clavar la lanza, dejando la bacinica. ¡Una escena muy divertida! Luego el Quijote se lo coloca en la cabeza y, al no encontrarle encaje, dice que el que se la forjó debió de tener una grandísima cabeza. Trata de buscarle interpretaciones a la realidad, cuando ya no se ajusta a su fantasía. Así mismo, en la página 126 de Neguijón, cuando nuestros héroes están en plena defensa de la enfermería, el librero Linares se coloca la bacía de barbero como yelmo, a fin de cubrirse un chichón. El caballero Valenzuela le dice: "Quitaos la bacinica caballero que vuestra figura ya es muy triste". Sabemos que Sancho llamó al Quijote "El caballero de la triste figura". No podemos negar que el parecido es intencional.

Una segunda escena del Quijote, se encuentra en el capítulo XXIII, cuando el Quijote desciende a la cueva de Montesinos, donde se queda dormido y tiene un sueño. Al salir cuenta su sueño como si fuera real, y Sancho no le cree, ni el mismo autor que escribe la historia le cree ya que el título es: "De las admirables cosas que el estremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad hace que se tenga esta aventura por apócrifa". ¡Ni el autor le cree! De vedad que eso es muy divertido. En Neguijón, sucede algo parecido. Utrilla, en medio de la escaramuza de la cárcel, se ve obligado a cortarle la pierna a Tortajada, y este le pide, terminado el embrollo, que la deje en la cueva de Polidoro. El Muñones va con Utrilla a cumplir aquella misión, pero, cuando Gregorio Utrilla, aún imberbe, sale de la cueva lleva una maleta con la pierna. ¡El muñones se sobresalta! ¿Por qué no has dejado la pierna? Sollozando, Utrilla le cuenta que ha visto al gran Polidoro, y que le había concedido la custodia de semejante reliquia (está en la página 142) cuando en realidad Utrilla quería quedarse con la primera pierna que amputó como trofeo; es un fanático de la destrucción del cuerpo y quiere generar una superstición a patir de ello: después dice que esa pierna es de San Anastacio Martir. Como el Muñones no le cree, Utrilla llora y le dice que supuestamente Polidoro ha creado una armadura con las aguas y minerales de no sé donde, especialmente para la pierna. Cuando se la muestra es en realidad "un zacarrón verdinegro y maloliente, amarrado a una bacinilla que hacía las veces de quijote". ¡Era una bacinica! Como el Muñones no le cree, Gregorio solloza que era la joya más venerable de Polidoro, etc, etc. Como aún no le cree, Utrilla reta al Muñones a que baje y lo compruebe con sus mismos ojos. ¡Pero es manco! El Muñones no baja y bueno, ambos regresan juntos como buenos amigos. ¿Pero realmente por qué no baja? ¿Porque es manco? No. Más adelante el Muñones revela por qué no baja y por qué le permite conservar dicha pierna: "para que aquel quijote fuera testimonio andante de la existencia de los trasmundos y los disparates de la razón". No sé si se han dado cuenta de que testimonio andante apela al caballero andante. Y que sí, don Quijote es testimonio de los trasmundos y los disparates de la razón. El quijote de Utrilla serviría para quedar como loco frente a la gente que use su razón, y para que los que no, serviría para que aprendan a no creer en cosas disparatadas. Y aquí viene la más grande revelación de todas... en el universo que Iwasaki ha creado (tal vez ya lo adivinaron) ¡el Muñones es Cervantes! Las similitudes son asombrosas: es un escritor manco, se hace queja en la trama de que el Muñones escribió un libro en el futuro que se inspiraba en sus amigos y que no les agradeció nada, es el único que no viene a América (quedarse en España es darse cuenta de los disparates de la razón, ojo con esta crítica), en el capítulo 20 se dice que el Muñones quería ser escritor y le llamaba muchísimo la atención el librero Linares, porque pensaba que todo lo que decían los libros podía aplicarse a la realidad. Aquí viene la segunda gran revelación, aunque creo que ya la han adivinado: ¡El librero Linares es el Quijote! ¡El Muñones se inspira en él para escribir! En el libro se muestra como Linares interpreta toda la realidad según los libros que ha leído. Cuando pelea intenta recordar los libros de esgirma, ¡hasta en la guerra utiliza estrategias militares de libros, sin experiencia! Linares es el Quijote. Y una última cosa. Utrilla y el Quijote también se parecen en algo trascendental. El neguijón para Utrilla son los molinos del Quijote. La diferencia es que, cuando el Quijote dice que tienen que ir a combatir los molinos, nadie le cree, está loco. Pero en cuanto al neguijón, todos creen de su existencia. En España hay control, aquí... bueno... aquí todos creen en el neguijón.

Yo me sorprendí al notar estas coincidencias, y espero que las hayan disfrutado. Los animo a leer ambas novelas sino lo han hecho aún, y a analizar un poco todo lo que leen, ¡siempre se puede aprender mucho!

LT- CUANDO TE DUELE LA MUELA (PARTE III)

Siguiendo el análisis de Neguijón, de Fernando Iwasaki, hablaremos sobre el espacio número dos:

LIMA COLONIAL

Noten que he colocado "Lima Colonial" y no simplemente Lima, por que creo que es importante tener en cuenta como eran entonces. Como ciudad, la veo como símbolo de la imagen del control, del orden aparente. La tendencia barroca se ve ahí. Como muchas de las ciudades virreinales, las casas estaban dispuestas en forma de la popular "cuadrícula", un plano ordenado que mostraba la gran confianza que tenían en las posibilidades de su ley:

En el centro estaba la Plaza Mayor, en el caso de Lima, arriba estaba la Casa de Pizarro, y a la derecha de la Plaza estaba la Catedral. El centro del poder político, religioso, y el poder central. Ellos pensaban que la ley, la letra, podía ordenar el mundo, así que usaban ese plano para todas sus colonias. Cada manzana se divide en cuatro solares, y mientras un ciudadano era un conquistador más respetado o descendiente de alguno, tenía una casa más cercana al poder central. Mientras menos importante eres, más lejos se vivía del poder centralizado. ¿Qué observamos aquí entonces? Que el espacio se jerarquiza. El espacio jerarquizado es consecuencia directa de la imposición de la metrópoli española.

¿Y qué pasa en la novela? Pues, Gregorio de Utrilla, que aquí es dentista años después de lo ocurrido en Sevilla, coloca su puesto entre las calles Plumeros y Mantas, lejos del poder oficial, y la gente acude a su llamado de campana. Iwasaki, con mucho humor, describe como a todos les dolía algo distinto esa mañana, pero cuando escucharon el "sollozo" de la campana de Utrilla, a todos les duele las muelas (dándonos a ver que tan fácil de sugestionar es la gente, manipulados y convencidos de la existencia del neguijón) y se dirigieron a él cual "gente caminando en romería, como cofrades" a través de las calles sucias y pestilentes. De verdad que es una escena terrible. Pero la descripción de tal emula el hecho de que la suciedad es concebida en el imaginario como otra jerarquía social, una ciudad donde la corrupción está por todos lados. Hasta lo hueles (muertos bajo Iglesias, caballos putrefactos), todo te lleva a pensar en la corrupción de la carne barroca, la ciudad parece ser pacible a que estas ideas disparatadas calen en mí, el espacio, el contexto es propicio para eso. El dentista iguala a todos, lejos del poder central, y todos responden por igual. Ahí la jerarquía se rompe.

El Inquisidor Tortajada representa a un organismo del poder oficial. Hasta ve a Luisa Malgarejo (quien el pueblo creía Santa) como un fraude, una impostora porque está gorda y no ha sufrido el dolor. Él la ve como una mera supersticiosa, y, sin embargo, todo el mundo cree en ella. Totajada representa a una institución oficial, pero no tiene influencia. Para él Luisa habla puros disparates, pero la vida diaria limeña va en oposición a lo oficial. Luisa así rompe también con la jerarquía, porque creen en ella hasta gobernadores y gente del poder oficial.

Sin embargo, para mí, puede que Luisa sea la más cuerda de todos los personajes. Luisa postula una idea de fe. A pesar de ser supersticiosa, ella apela siempre a la fe y no al dolor físico. Para Utrilla y Tortajada todo se basa en el dolor; es más, para Utrilla la religión es una excusa para atrapar el neguijón. No obstante, son Utrilla y Luisa los que aquí rompen con la jerarquía, como ya lo hemos mencionado. Así, la mesa de Utrilla, donde todos están reunidos, se convierte en el centro de la ciudad. El mundo popular organiza este espacio nuevo, donde acude desde el más poderoso a todos.

Ahora se preguntarán, ¿y a qué viene todo eso? ¿Por qué Rogger se obsesiona tanto con la ruptura de jerarquías? Les explico. Aunque esto sucede años después del acontecimiento de Sevilla, creo que aquí también se produce una tropelía. Hay aquí, en Lima, una sensación de disparate. ¡Sí! ¡Esa es la palabra! Me gusta. En el caso de Tortajada, a pesar de ser del poder central, no puede mandar a la hoguera a Luisa, aunque es lo que más quiere. Hay desorden en medio del supuesto orden; y el diario popular lo reorganiza por puro disparate. Yo hasta me atrevería a decir que el disparate ordena la ciudad. Aquí, en Lima, hay menos control. En Sevilla, la forma de organización de la ciudad está más cercana al poder, por lo tanto es más ordenada (y si hay una revuelta, viene un representante y lo arregla). En cambio, Lima, más lejos del poder central, la metrópoli no tiene más el control. Si hay locos con sus disparates (se nota que me ha gustado la palabra) en España se controla en un abrir y cerrar de ojos (en el Universo simbólico de Iwasaki, ojo); en Lima, los locos ya no importan, no se puede con ellos. Aquí vuelve la idea que desde Europa se lee el mundo.

Para enfatizar este punto, les cuento la respuesta de un Lord a la Reina Isabel, después de que esta haya leído libros sobre América y las Indias y le pregunte: "¿Por qué son tan salvajes?" La respuesta, que ha quedado como dicho, es la siguiente: "Así es la vida en el trópico." Sería lo mismo decir "son así de manera inherente" o "porque no son europeos". Es esta visión europeizante que se mantiene y se mantuvo por mucho tiempo la que Iwasaki quiere criticar. Recordemos que Hitler y el antisemitismo nazi sucedió aproximadamente hace sesenta años, relativamente poco tiempo. Aún hay muchos tipos de culturas discriminatorias. Nuestra propia sociedad lo es.

Vemos también, como Utrilla piensa si Luisa, en Europa, disfrutaría de tanta fama de santidad sin ser perseguida por la Inquisición. El mismo había sido perseguido por la Inquisición calificado de hereje y nigromante por relacionar la medicina con los elementos, y fue castigado... ¡exiliándose en Lima! ¡Y viajó con un Virrey hasta acá! La parodia no puede seguir. Utrilla decía que así como el semen no necesitaba de una mujer para concebir (idea de la época, en la cual la mujer no tenía capacidad generativa, si ponías el semen en un vaso y les dabas las condiciones propicias ¡plump! salía un bebé) también el diente sembrado en la tierra engendraría neguijones. Eso le valió ser expulsado hacia el trópico. Era peligroso allá, pero en Lima, estás en tu salsa hermano. De esta forma se quiere criticar, como repetiré hasta el cansancio, la visión europeizante discriminatoria, de que el trópico por estar más alejado del poder central requiere de menos control. El criminal, aquí, es influyente; la mayoría es supersticiosa, con una religiosidad infantil, son locos, disparatados, todos dentro de un saco de carnaval, donde la más cuerda, paradójicamente, es Luisa, una mujer que por lo menos, escapó al dolor que todos buscaban.

Nota: Respecto a la idea de que la mujer era carente de capacidad generativa, sabemos que el hombre, a través de la historia, se ha esforzado mucho por rebajarla. La mujer ha sido muy batida, en un esfuerzo constante por minimizarla y mantenerla bajo una jerarquía injusta. ¿Saben por qué? Claro que sí, por el miedo. Tenemos que admitir muchachos, que ellas tienen poder sobre el hombre. Mucho poder. Mucho más poder del que impulsaba la creencia en ese gusanillo corruptor, el neguijón, que hacía creer en los más locos disparates. ¿No están de acuerdo?

¡Pronto pondré el último!

LT- CUANDO TE DUELE LA MUELA (PARTE II)

Siguiendo con el análisis de Neguijón, comenzaremos con el espacio número uno:

SEVILLA

¡Los presos se amotinan! Esta historia sigue la tropelía de la cárcel de Sevilla, donde encontramos a los personajes principales en dicho presidio. Tortajada es el capellán, el libero Linares (tuerto amante de los libros, ja) es un preso, el Muñones (manco que quiere ser escritor, doble-ja) también, el caballero Valenzuela –gentilhombre de Lopera- más todavía y Gregorio de Utrilla es el aprendiz de barbero, niño aún. Justo el día en que no hay médicos en la cárcel, los presos se amotinan y arman una revuelta. Los galeotes (criminales) odian a los porquerones (alguaciles) y se les vienen encima, haciendo de la cárcel una batalla campal. Nuestros personajes principales quieren sobrevivir, obviamente, y por ello logran embollarse en la enfermería, que defienden con ferocidad. En la batalla, Tortajada pierde una pierna, completando el irónico equipo conformado por un tuerto librero, un escritor manco, un caballero cobarde, un niño barbero, y un templario sodomita (el templario Iñigo no es muy importante para mí, así que no lo mencionaré mucho). ¡Qué ironía! ¡Qué curioso batallón! Sin embargo, aquí encuentro algo más importante, y es que creo que la enfermería esconde un gran simbolismo. ¿Saben lo que es un panóptico? Pues, es una cárcel, dispuesta de la siguiente forma:

Los pabellones estaban codificados según el pecado cometido (calabozos de la ginebra, la pestilencia, la tragedia, la chupadera, la rasca, el traidor, el pecado nefando, etc.). Aquí se refleja el afán de querer controlar todo del barroco. En el centro estaba el poder central, el "espacio oficial", el vigía, de donde se podía observar y controlar todo. En este caso, en el universo creado por Iwasaki, el centro es nuestra enfermería. No digo que la real cárcel de Sevilla sea de esta forma. No. Sin embargo, cuando uno lee esta novela, da la impresión que Iwasaki colocara a la enfermería en esta posición de forma simbólica, como el centro de poder donde se narran los hechos. Esto se puede ver de manera más clara en una de las escenas más graciosas. Los "héroes" tienen que hacer una muralla con algo porque la puerta ha volado, así que usan lo que está a su alcance: libros. Escogen entre todos cuales libros valen la pena ser guardados y cuales hay que usar de muralla. Me hace recordar a una escena también graciosa de Don Quijote, donde el cura y el barbero, amigos del ingenioso hidalgo, entran en su biblioteca a ver que libros había que destruir, porque tales lo habían vuelto loco a Don Quijote. Bueno, en Neguijón, los libros que aparecen en la enfermería tratan sobre diversos temas: viajes, sexo, mujeres, etc. ¿Por qué aparecen este tipo de libros en la enfermería? Lo usual sería encontrar libros sobre medicina o cosas parecidas. ¿Por qué razón aparecen estos allí? Si no lo han adivinado aún, la gran mayoría de gente en las cárceles era analfabeta. Esos libros nunca iban a ser leídos. Nadie los iba a leer, no importa de qué traten. Pero este es un "espacio oficial". Acceder a una cultura letrada es acceder al poder. Los libros están ahí para marcar territorio, para poner la banderita. Simbólicamente, es un espacio oficial, controlado y para decirles a los demás qué son y qué deben hacer. El barroco se caracterizó por eso, producían tal cantidad de libros, codificando todo (hasta el orden de las cárceles) para decirle a la gente qué pensar. Tenían una suprema confianza en su capacidad intelectual para tener a todo el mundo en "armonía". Obviamente estoy en contra de esto, y me alegra que Iwasaki lo coloque como crítica simbólica en este libro, porque hay que admitir que la idea de que "desde Europa se lee el mundo" está todavía presente. Desde aquí te digo qué es América, la China, la Cochinchina, etc. Los libros son su bandera, su símbolo de presencia.

Sin embargo, cuando se arma la tropelía, se difumina la separación entre pecados que antes había sido codificada en ese orden tan exacto. Todo se desordena, el control desaparece y el único espacio que no está todo entreverado es la enfermería. Se cuenta de que hay algunos galeotes que habían sufrido muchos dolores en la enfermería (resentidos sociales) y que querían vengarse. Ellos no se empecinan en escapar, sino en ir a la enfermería y darles vuelta a los que estuvieran allí. Antes codificados, el desorden producido por el motín les permite ir en contra de lo que representa el poder oficial, ir en contra de la institución (se les pinta como animales), y aunque no pueden escapar de la cárcel por ahí, van a atacarla. Lo irónico de esta parte es que en la enfermería no hay ningún médico. ¡Están peleando entre ellos! No hay médico en el poder oficial y los que se están defendiendo son tan absurdos como los atacantes. Sin embargo, los que están defendiendo la enfermería, nuestros héroes mancos, cojos, tuertos, cobardes, tienen algo en común que los vincula al poder oficial. Todos, todos, pero todos, SABEN LEER. Ese es el punto en común presente, son letrados, por eso tienen acceso a la cultura oficial barroca. Aunque a simple vista no parece, es una crítica muy dura esta forma de pensamiento. En la España colonial, la letra era la forma de acceso al poder, lo que es impreso legitima, da valor. Saber leer te da acceso a la cultura oficial. La parodia es que ellos no saben pelear, un poder oficial que no sabe lo que hace; pero esta novela reafirma simbólicamente ese carácter discriminador a través de la letra. Un carácter aún vivo hoy.

Cuando los "héroes" ya no pueden más, llega el Marqués de Montesclaros, un ridículo más, pero mayor representarte del poder oficial, y son libres por él. Además de este ser una más de las tantas críticas que existen a los nobles que no son realmente "nobles", me hace recordar al teatro español, donde al comienzo todo está en orden y controlado, luego todo es caos (de hecho la parte más interesante) y al final llega un representante del poder oficial a poner todo otra vez donde era su sitio.

De esta forma, podemos notar que esta primera parte critica la discriminación por la letra, muy patente hasta hoy en día, y el pensar de que "desde Europa se lee el mundo". La sensación de control, de armonía barroca nos refleja la absurda relación entre la realidad y lo que se quiere imponer a la fuerza, el "debería de ser" sin fundamentación, sin arreglar el problema, sólo cubriéndolo y siempre dando el crédito de la solución a un representante del poder máximo, legitimizado por la letra.

¡Pronto subiré la tercera parte!

LT- CUANDO TE DUELE LA MUELA (PARTE I)

¡Ayayay! Eso gritaba yo mientras leía Neguijón, novela de Fernando Iwasaki. Cuando tuve por primera vez el libro en mis manos, supe de por sí que su lectura me iba a doler. Nunca en mi vida me había dolido tanto leer algo (otros me han producido diversas sensaciones), pero tengo que decir que también, juntamente con el dolor, me ha hecho reflexionar bastante, y ha arrancado grandes carcajadas al encontrar la ironía y la crítica que ese esconde tras sus descripciones nefastas. Si no lo han leído y no quieren saber partes del argumento, léanlo primero y de ahí revisan este post.

Les explico. El Neguijón (también título de este libro) era nada más y nada menos que el gusanillo productor de las caries y las enfermedades de las encías. O por lo menos así se creía en la época colonial, tanto en España como aquí, en Lima. Los dentistas de la época estaban obsesionados con encontrarlo, segurísimos de su existencia, cuando en realidad sólo podía existir en la superstición o en algún cuento de hadas. El libro narra los acontecimientos en que se ven envueltos el caballero Valenzuela –gentilhombre de Jaén o Lopera, según el caso-, el Muñones, el librero Linares, el Inquisidor Tortajada (antes capellán) y Gregorio de Utrilla (dentista); que suceden tanto en Lima colonial, como en Sevilla, España; siempre involucrando a aquel gusanillo mítico. ¿Me acompañas a mostrarte cuales son mis impresiones? Si eres un amante de las críticas, ironías, análisis y simbolismos no te vas a decepcionar. Iwasaki ha metido todo eso en este libro.

Réplica de las muelas, mostrando al neguijón devorando a un hombre, emulando el tormento del infierno.

Creo que de alguna u otra forma, siempre he querido ser parte del mundo pasado. Sin embargo, al leer este libro, no podía evitar soltar quejidos de dolor e indignación. Los dentistas de la época eran vistos como demonios productores del dolor. No sacaban sólo una muela, sino que afanados por ser los primeros en descubrir un neguijón, destrozaban la boca con terribles apartaros, tajaban la cara, rebuscaban las encías y hasta había casos en que les descoyuntaban la mandíbula por tanta lucha con el pobre gusanillo inexsistente. Las descripciones de las operaciones, los métodos médicos, la forma en que se trataba a la gente enferma, serían casi un deleite para cualquier amante del gore (a mi personalmente no me gusta); pero, muestra que evidentemente Iwasaki ha investigado mucho acerca de los procedimientos de la época. ¿De qué época hablamos? Pues, para que podamos entender un poco más la historia, hay que situarnos en una corriente que tuvo mucha influencia tanto en las artes, como en la ideología: El Barroco.

No se preocupen, no les voy a aburrir con clases extensas de corrientes antiguas. Sólo quiero que tengan algo en mente, un pedacito de la ideología de dicha época, mientas avanzo con la descripción. En ese tiempo, se estaba dando la Contrarreforma de la Iglesia Católica, donde se genera la Santa Inquisición, el Concilio de Trento, etc. Medidas que buscaban regir la vida de las personas mediante la religión de una manera estricta, que diera la apariencia de orden y armonía. Una sensación de tener todo ordenado, jerarquizado como “debía de ser”. Así, el cuerpo se veía como una fuente de corrupción, sin valor por sí mismo, llevando una religiosidad supersticiosa e inflexible, dándole énfasis al "justo" sufrimiento y decadencia del cuerpo, en vez de darle valor a la salvación. El dolor, entonces, era un regalo, una forma de experimentar el dolor de Cristo. Por ello era justo que Dios nos hubiera premiado con gusanos en el cuerpo, para experimentar un poco de su pasión. ¿Qué cosas no? Terrible. Pero a esto no apunta lo que quiero decirles. Voy a contarles un poco la historia de la novela. La dinámica que usa Iwasaki es curiosa, alterna un capítulo de pasado y presente, uno en Sevilla y otro en Lima, bastante interesante. Así que dividiré el análisis en dos partes, obviamente.

Muy pronto subiré ambas partes. ¡No cambien de canal!


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